La importación legal de cotorras, principal causa de su expansión en España

El comercio, clave en el establecimiento de las poblaciones silvestres de dos especies exoticas invasoras: las cotorras argentina y de kramer
Desde 1986 hasta el año 2005, entraron de manera legal en España al menos 190.000 individuos de cotorra argentina y cerca de 63.000 ejemplares de cotorra de Kramer.

Cuando se habla de invasiones biológicas, la ciudadanía tiende a pensar que estas especies, especialmente si nos referimos a animales, llegan a nuevos países por sí mismas con la intención de colonizar nuevos territorios donde asentarse y prosperar. Lo segundo es muy cierto, pero la realidad es que la mayoría de ellas las han llevado las personas, directa o indirectamente, en grandes cantidades a otros países, sin pensar en las consecuencias que ello podría acarrear a medio o largo plazo.

Un reciente estudio publicado por científicos de la Universidad de Málaga en la revista Ardeola: International Journal of Ornithology explica detalladamente cómo el comercio internacional legal de fauna ha sido clave en el establecimiento de las poblaciones silvestres de dos especies exóticas invasoras en España: la cotorra argentina (Myiopsita monachus) y la cotorra de Kramer (Psittacula krameri), cuya presencia es una amenaza para la biodiversidad autóctona por su capacidad de competir y desplazarlas.

 


A mayor importación mayor población

Las psitácidas o loros (grupo al que pertenecen ambas especies), son uno de los grupos de aves más comerciados mundialmente, casi en su totalidad para ser vendidos en el lucrativo negocio del ‘mascotismo’. Los investigadores encontraron que solamente en España se importaron legalmente más de 1 millón de psitácidas de 252 especies diferentes desde 1986, año en que España firmó el convenio CITES, siendo la cotorra argentina y de Kramer la segunda y la quinta especie respectivamente que más se importaron. “Se analizó el número de animales importados cada año y se contrastó esta información con el crecimiento de las poblaciones naturalizadas por medio de las estimaciones poblacionales que se realizaron en los años 1997 y 2002, así como con el primer censo poblacional realizado en 2015 para ambas especies”, explica Lucrecia Souviron, una de las autoras del estudio.


Desde 1986 hasta el año 2005, en que se prohibió la importación de aves silvestres dentro de la Unión Europea, entraron de manera legal al país al menos 190.000 individuos de cotorra argentina (procedentes mayoritariamente de Uruguay) y cerca de 63.000 ejemplares de cotorra de Kramer (principalmente de Pakistán), sin contar aquellos que entraron previamente al convenio CITES o los procedentes del tráfico ilegal. Los autores han observado asimismo cómo los núcleos poblacionales naturalizados comenzaron a establecerse en las grandes urbes años después de los picos de importación, a mediados de los años noventa, debido a las sueltas continuadas (tanto accidentales como deliberadas), hasta alcanzar los casi 20.000 ejemplares silvestres de cotorra argentina y los 3.000 individuos de cotorra de Kramer censados por SEO/BirdLife en 2015 con la colaboración de cerca de 600 voluntarios que prospectaron más de 450 localidades por todo el país.

“Debido a la tardía gestión y a que las poblaciones desde hace años son autosostenibles, se espera que este número siga incrementándose y que ambas especies colonicen nuevos territorios más allá de las grandes ciudades, donde se localizan los núcleos poblacionales más importantes”, advierte Souviron poniendo el foco en la continua expansión de estas especies. Por otro lado, los autores también discuten el motivo por el que las cotorras se han establecido con éxito en comparación con otras especies de psitácidas que se importaron en mayor o igual número. No en vano, el origen de la mayoría de estas dos especies importadas es la captura en estado silvestre, lo que facilita su posterior adaptación al medio en caso de ser liberadas en comparación con aquellas nacidas en cautividad.

El trabajo también pone de manifiesto que aunque la tenencia y venta de las dos especies de cotorra está prohibida desde el año 2013, hay otras especies de loros con potencial invasor que pueden adquirirse en las tiendas de mascotas. Algunas de estas especies, como el lorito senegalés (Poicephalus senegalus) ya están nidificando en números reducidos en diferentes partes de España como las islas Canarias, Valencia, Barcelona y Málaga.

 

Problema para la fauna y flora autóctona

Por último, los autores concluyen que es preciso concienciar a la ciudadanía y a las administraciones de los peligros que el tráfico masivo de animales puede acarrear, restringiendo (o incluso prohibiendo) la entrada de fauna exótica con fines puramente comerciales. “El negocio del ‘mascotismo’ existe porque hay un público que así lo pide; y si la demanda cesa, el negocio acabará con ella”, concluye Souvirón.

Beatriz Sanchez, responsable de Biodiversidad Urbana de SEO/BirdLife recuerda también que “la proliferación de especies exóticas invasoras constituye un grave problema global que se ha convertido en la segunda causa de extinción de especies, en ambientes terrestres,  después de la destrucción de hábitats. Es, por tanto, un asunto que compete a toda la ciudadanía y, en especial, a las administraciones, que han de velar por la conservación del medioambiente”. En este sentido, con el ánimo de contribuir a un diálogo ciudadano informado sobre la gestión de las cotorras argentina y de Kramer en las ciudades y municipios españoles, SEO/BirdLife ha elaborado un documento con 10 preguntas y respuestas sobre estas especies, su afección al medio y la gestión de sus poblaciones que puede descargarse en este enlace.

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